El Cambio En Las Organizaciones

Este artículo propone una interpretación del cambio como proceso en el cual se ve involucrado todo nuestro Ser, y no solo como un actuar distinto al llevado adelante hasta la actualidad. Continúe leyendo el artículo...

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La vida es una intrincada constante de cambios, algunos veloces y otros lentos, muchas veces ellos nos conectan con la incertidumbre, la inseguridad y la angustia, sin embargo donde no hay cambio tampoco hay vida.

Queramos o no, nos guste o no, estamos en un cambio permanente, nuestro propio cuerpo se renueva en un 98% a lo largo de un año, o sea que hoy somos celularmente hablando un cuerpo distinto al de hace un año atrás. Aunque nuestras células sanguíneas, nuestro estomago, nuestro corazón, nuestra piel, nuestros pulmones y demás órganos cambian completamente, siguen manteniendo su forma y función, esto no es casual, ocurre porque existe un mensaje genético (ADN Acido Desoxirribonucleico) que estabiliza y organiza toda nuestra estructura corporal.

Más allá de de este mandato por continuar con la forma y función, cada una de las partes de nuestro cuerpo lleva consigo cicatrices, la marca de la historia de adaptación a los cambios que en el cuerpo se han dado y le permiten seguir vivo. El aprender a seguir vivo tiene un precio.

Nada podemos hacer para evitar estos cambios, sin embargo aceptándolos podemos adoptar conductas que nos permitan adaptarnos e inclusive preverlos. Este "adoptar conductas" no es otra cosa que realizar un proceso de aprendizaje a través del cual diseñamos como llevar adelante esos cambios.

Lo que ocurre en nuestro cuerpo no es muy diferente a lo que ocurre en el mundo de las organizaciones. Las organizaciones que crecen y perduran en el tiempo han adquirido habilidad para relacionarse con el cambio, han aprendido a ser flexibles saben que la rigidez y la resistencia son el camino a su muerte.

Las organizaciones que han sobrellevado exitosamente procesos de cambio también tienen un mensaje genético, su Visión - Misión, sus valores, su identidad que las guían dando un norte en medio de la turbulencia del cambio.

Pero no es la organización misma la que aprende, son las personas que la conforman quienes pueden realizar un proceso de aprendizaje y recién desde ahí es posible que surjan grupos y equipos más acoplados, sólidos y poderosos.

Hoy en día, la realidad en que vivimos presenta cada vez cambios más veloces y la mayoría de las disciplinas ligadas al cambio apuntan a desarrollar habilidad para aceptarlo y adaptarse al cambio, sin embargo la excelencia y los resultados extra-ordinarios se producen cuando el aprendizaje con relación al cambio se da con respecto a desarrollar habilidad para anticiparlo e incluso diseñarlo, es entonces cuando se comienza a hablar del SER.

Históricamente la capacidad de cambio en las organizaciones se ha trabajado desde el desarrollo de capacidad técnica de sus integrantes, el foco se ha puesto en el HACER, hoy en día un nuevo paradigma se presenta, en lugar de trabajar el HACER el aprendizaje pasa por el SER. En el SER se entrelazan pensamiento sentimiento y acción, cada uno de estos tres aspectos se ven interconectados siendo influido e influyente de los otros dos.

La habilidad para el cambio es una capacidad que puede ser aprendida y paradójicamente ese proceso para aprender a relacionarse con el cambio, es en si mismo un proceso de cambio.

Por este motivo los procesos de cambio como los de aprendizaje tienen algo en común, pueden tocar puntos muy sensibles en toda persona, el cuestionar lo que pensamos sentimos y hacemos suele impactar en nuestra autoestima, nuestro narcisismo, nuestra omnipotencia, nuestro egocentrismo; de ahí el surgimiento de los hábitos defensivos ante estos procesos.

Trabajar el SER significa aceptar reflexionar sobre quien estuve siendo hasta aquí, permitiéndome cuestionar mi historia, mis experiencias, mis saberes. Aceptando que así como la vida tiene una dinámica cambiante yo también soy cambiante y la "manera de ser" que me han traído hasta aquí no necesariamente debe ser la que me lleve a donde quiero ir.

Hoy no somos las mismas personas que fuimos hace tiempo atrás, simplemente porque hoy no pensamos sentimos o hacemos como en otro momento le hemos hecho. Sin que esto signifique que hoy somos mejores o perores que antes.

Por lo tanto, si el cambio es inevitable y las personas que somos hoy no son iguales a las que seremos mañana, si todo lo que nos rodea cambia y nosotros también, ¿Por qué no aceptar el desafío de diseñar ese cambio?, diseñando y comprometiéndonos aquí y ahora con estar SIENDO, ni más ni menos que quienes queremos SER.

Quizás entonces las situaciones de cambio en lugar de ser espacios de angustia por un futuro que no sabemos lo que traerá, se transformen en momentos presentes donde volcar toda nuestra creatividad en pos del futuro que queremos vivir.
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Fuente: Artículos Gratuitos Online de Articuloz.com

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