El Control Sobre Su Consumo

A pesar de que la crisis económica no remite, ni mucho menos, los consumidores no perciben que la situación vaya a peor. El siguiente artículo nos dice como los consumidores han descubierto el control sobre el consumo...

Según el Índice de Comportamiento de Consumidor de Millward Brown, la valoración de la situación económica por los consumidores está estabilizada desde octubre. En diciembre se observa una leve mejora en cómo ven la situación económica del país. A pesar de ello, todos los indicadores se mantienen en niveles muy negativos y no muestran indicios de mejora a corto plazo.

El informe anterior hablaba de la evolución del consumidor hacia comportamientos más racionales, en los que el valor emocional de las compras se había sustituido por una apreciación de los bienes por su valor de uso y su precio. Se deduce de los datos más recientes que los consumidores han dado una vuelta de tuerca a su racionabilidad. Conscientes de que la etapa de crecimiento de precios ha terminado, han descubierto que la espera obliga a los vendedores a bajar los precios. Saben que la balanza del poder se ha inclinado de su parte en estos meses.

Han descubierto una cierta capacidad de control sobre su consumo y saben que esperar equivale a conseguir mejores precios a medio plazo. Este análisis se ha extendido a todo tipo de bienes, pero especialmente a los de consumo duradero. De aquí se deriva a corto o medio plazo una retracción en el consumo que está detrás de la contracción de la demanda que refleja el descenso del IPC desde julio, por primera vez por debajo del IPC de la zona euro.

¿Cómo afrontar este nuevo comportamiento de los consumidores? Asumiendo que el consumidor fácil ha desaparecido, en primer lugar, habrá que targetizar con más precisión los públicos a los que se dirigen los productos y servicios. En segundo lugar, justificar el precio de los productos en virtud de su calidad, durabilidad, eficiencia. En tercer lugar, premiar la inteligencia del consumidor, algo distinto al halago. Los productos tendrán que mostrar elementos diferenciales que los diferencien claramente de la competencia y que evadan la competencia por precio.

La percepción de que deben restringirse gastos en prácticamente todos los bienes es casi unánime en las clases bajas y medias-bajas y está muy extendida en las clases medias-medias. Entre las clases alta y media-alta domina la idea de que no es el momento de realizar compras en productos financieros complicados, vacaciones o pisos. Estos consumidores están esperando a que bajen los precios para implicarse en compromisos a largo plazo al adquirir este tipo de bienes. Para buena parte de ellos, esta crisis puede ser una oportunidad. Su actitud ante lo seguros, salidas a bares y restaurantes y compras de electrodomésticos, ordenadores, etc. no es muy restrictiva. Para los sectores de clase alta y buena parte de la clase media alta estos lujos se pueden permitir sin demasiado problema, pero se han vuelto mucho más selectivos, aunque el descenso de precios les viene bien.

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