Prueba: Citroen C6

Si le gustan los vehículos de la marca francesa Citroen entonces querrá continuar leyendo para conocer las características del modelo C6, un automovil de estilo europeo...

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Fiel a su tradición, el nuevo Citroen (se comercializa en Europa desde noviembre de 2005) absorbe de sus anteriores predecesores el estilo. En la línea de tiempo, se pueden visualizar a los sedanes DS19 (de 1955), al CX de la década del 70 y los más recientes XM (1984) o Xantia (1992). Ellos, vehículos inmensos, toscos, amplios supieron posicionarse alto en su segmento gracias a atributos técnico que otros fabricantes no poseían. El principal era la suspensión: en el DS los brazos poseían amortiguadores neumáticos. Con los años, la electrónica fue imponiendo su proceder y así se pudo variar la altura —y más adelante— la dureza.

Creado en el centro de diseño de Paris, la línea del C6 inaugura un nuevo estilo en la marca. El frente está protagonizado por los faroles y la extensa parrilla. Por detrás, los vidrios son pequeños para acentuar el estilo armonioso. El remate de la cola no tiene precedentes, luces verticales rodean la tapa del maletero.

En el interior, la comodidad está a la orden del día. Las butacas delanteras son inmensos sillones que permiten acomodar a conductores incluso de dos metros de estatura. Posee cuero natural que recubre tanto los asientos, como algunas partes de las puertas y los sectores laterales. Las plazas delanteras cuentan con regulaciones eléctricas y calefacción. Las traseras también poseen múltiples regulaciones. Fruto de una distancia entre ejes de 2.90 mts el espacio trasero es similar al de un avión.

La información sobre la velocidad y revoluciones por minuto es brindada en forma digital por el ordenador. Hay varias hipótesis respecto a ello. En cierta forma, Citroen siempre a intentado innovar, y el disponer de números digitales puede ser una forma de vanguardia. La realidad marca que no es más práctico, sino que iguala al sistema analógico. Sí se lleva los aplausos el dispositivo que inyecta —como los aviones del ejército o el BMW M5— datos de velocidad y del navegador en el parabrisas. Ideal para circular de noche en autopista, ayuda en gran forma a evitar distracciones en el conductor. También cuenta con comando de voz y pantalla LCD de siete pulgadas.

El equipo de audio posee buena potencia y la ingeniería de sonido también es correcta. Se puede variar la temperatura interior mediante dos vías de climatización.
Respecto a la calidad de materiales, hay una discrepancia entre varios. El cuero, como la madera y el aluminio decorar perfectamente, pero la presencia de algunos plásticos y terminaciones conflictúan la calificación final.

El motor elegido para la prueba fue un Diesel de 2.7 litros con dos turbocompresores (un más grande y otro más pequeño) e intercooler. Con 207 CV empuja con fuerza y mueve correctamente los 1900 kilos de la carrocería. El silencio es una característica de este seis cilindros. Casi inexistente desde el interior, las filtraciones de ruido se aprecian circulando por encima de los 180km/h (112 millas por hora). La velocidad máxima es de 225km/h 140 mll/h) y la aceleración hasta los 100km/h (60 mll/h) en diez segundos.

El andar es tan suave como en los Mercedes Benz con suspensión neumática Airmatic (como los sedanes Clase S, CLS y algunas versiones del Clase E). Menos deportivo que el fabricante alemán, el conjunto sostiene correctamente y evita balanceos. Se lo siente como un yate de grandes dimensiones surcando por mares calmos.

El tamaño (mide 4.91 mts de largo) limita la agilidad, pero esto no es un problema, por el contrario la cordialidad que emite el C6 predispone al conductor de una forma distinta al volante. Es como si las pulsaciones del corazón descendieran, el tiempo pasara más lentamente. Un cúmulo de sensaciones invaden al conductor, algunas de ellas extrañas y otras nuevas. Pero una sobresale del resto: la armonía protagoniza el ambiente y completo silencio lo decora.

El C6 es un auto completamente distinto, que persigue y obtiene con creces su cometido.

Autor:Juan Ponieman