Turismo para Todos

Viajar es un placer. Pero para que así sea, debe, primero ser inclusivo. El turismo accesible es aquel del que pueden disfrutar todas las personas, sin importar si experimentan un impedimento permanente o transitorio, ya sea físico, sensorial o cognitivo...

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Es sumamente placentero viajar, conocer y percibir nuevos paisajes, relacionarse con gente que quizás tenga costumbres diferentes, tomar contacto con distintas culturas, zambullirse en una historia ajena a la del lugar al que pertenecemos. En síntesis, es muy excitante disfrutar al realizar actividades turísticas.

Todas las personas, sin importar si poseen algún tipo de discapacidad (sea cual sea), tienen derecho al pleno disfrute de las actividades culturales, deportivas y turísticas. En muchos países, como Argentina y otros en Latinoamérica, las políticas de accesibilidad recién ahora comienzan a implementarse, por lo que sólo unos pocos hoteles incorporan características que los hacen adecuados para personas con movilidad reducida.

A la hora de emprender un viaje, debemos considerar si el alojamiento elegido cuenta con baños adaptados; ingreso con rampa no sólo al hotel sino también a servicios que mejorarán el disfrute de las personas con movilidad reducida como piscinas, hidro masajes o baños públicos adaptados y en qué grado; señales en Braille en habitaciones, instalaciones y ascensores; permiso para llevar perro guía o de asistencia; indicaciones lumínicas y de vibraciones para personas sordas así como señalética iconográfica.

Hay una gama muy variada de hoteles, cabañas y hosterías que prestan servicios muy completos que toman en cuenta éstas y otras características que benefician a personas con discapacidad, mamás con niños pequeños y personas mayores. Entre ellos, el Fortuna (Costa Rica), el Hotel Hacienda Los Laureles (Oaxaca, Méjico), la Hostería Camino del Inca (Quebrada de Humahuaca, Argentina), Hostería del Amauta (Purmamarca, Jujuy-Argentina), Hotel Cordillera (el Bolsón-Argentina), Hotel Gran Palace (Chubut-Argentina), cabañas Sol y Paz (Bariloche-Argentina), hotel Bristol (Villa Carlos Paz-Argentina), Intercontinental Buenos Aires, Holliday in Santa Fe (Argentina) y otros.

En Londres, Aruba, España o Estados Unidos, la mayoría de los hoteles dicen ser accesibles aunque en distintos grados y en ocasiones sólo se enfoca la accesibilidad hacia una discapacidad puntual o bien hacia un área del hotel, restringiendo las posibilidades para los viajeros con movilidad reducida. Es conveniente consultar antes de viajar, porque afortunadamente es muy variada la oferta e informando previamente al hotel de las necesidades particulares de cada huésped, se puede lograr una estadía más placentera. Si queremos disfrutar de las alternativas gastronómicas que el lugar elegido ofrece, debemos considerar que los restaurantes cuenten con baño para personas con discapacidad física y sería deseable también que incluyan menúes en Braille.

En lo urbano, en tanto, el desarrollo para permitir la autonomía de personas que presentan alguna dificultad en su movilidad difiere en función de políticas públicas, desarrollo económico y conciencia social, ya que en ocasiones se considera que los discapacitados somos los únicos beneficiados con la accesibilidad al medio físico y se nos identifica como un número demasiado reducido en comparación con la inversión a realizar. Para citar sólo algunos lugares que consideran especialmente la accesibilidad en todo su territorio mencionaremos a Estados Unidos, Francia, España e Inglaterra. Cabe destacar que la especial atención brindada tanto en la comunidad Europea como en Estados Unidos y Canadá, es motivada especialmente por el elevado número de personas con discapacidad con que cuentan algunos de estos países, así como políticas igualitarias establecidas por los estados. En Australia, Nueva Zelanda, Japón, Sudáfrica e Israel, hay algunas medidas implementadas a reducir barreras en el turismo, aunque generalmente los viajes organizados por agencias con el foco centrado en el turismo accesible, provienen de agencias norteamericanas especializadas en la temática.

Respecto de las excursiones, debemos ampliar el espectro y no considerar tan sólo la discapacidad o impedimento sino enfocarnos en qué actividad nos gustaría hacer y luego, junto con la empresa que elijamos para planearlas, buscar en conjunto la manera de llevarlas a cabo. Actualmente las personas con discapacidad o movilidad reducida nos hemos beneficiado por la gran apertura que hay en las empresas que organizan excursiones que buscan, cada vez más, incorporarnos a su cartera de clientes. Así, una persona en silla de ruedas puede hacer parapente o esquiar, como lo hacen en el Parque Nacional Lanín, en San Martín de los Andes (Argentina); mientras que un mayor puede perfectamente hacer rafting; y un ciego puede hacer sin problemas rappel, tirolesa o Canopi. Lo importante es que quienes tenemos alguna discapacidad no convirtamos esa imposibilidad de hacer algo puntual en un factor limitante para vivir, disfrutar de nuestro tiempo libre y desarrollar actividades de turismo aventura (obviamente, tomando, al igual que cualquier persona, los recaudos necesarios).

Para quienes deseen optar por actividades más tranquilas, en muchos lugares del mundo, como en España, se han adaptado los museos para la circulación de personas con movilidad reducida, con personal capaz de realizar visitas guiadas en lengua de señas y con todo lo necesario para que lo que allí se exhibe pueda ser percibido por personas disminuidas visuales. Otras opciones por demás interesantes pueden constituirlas los parques nacionales, aunque es recomendable chequear su grado de accesibilidad, ya que a veces la falta de barandas y las irregularidades de los suelos pueden ocasionar problemas. En varios sitios se incorporó el avistaje y ‘escuchaje’ de aves, esta última alternativa no sólo constituye un atractivo para las personas ciegas sino también para el común de la gente que tal vez nunca se haya detenido a prestar atención a algo tan simple y bonito como el canto de un pájaro. En Argentina cabe destacar al Parque Nacional Iguazú, donde la totalidad del parque es accesible para todas las discapacidades.

En ocasiones, la diferencia entre unas buenas vacaciones y un completo fiasco, radica en la buena predisposición o falta de la misma, en el trato no sólo del personal vinculado al quehacer turístico sino en el lugar elegido en su conjunto. Frecuentemente, y es deseable que así sea, las personas con discapacidad podemos comprender que no todo se halle adaptado para nuestro perfecto desplazamiento y autonomía y valoramos profundamente la cordialidad y apertura de la gente que se presta a asistirnos sin el menor dejo de lástima, sino viéndonos como un igual. Así, tomando en cuenta las adaptaciones requeridas para disfrutar del viaje que tanto soñamos hacer, abriendo nuestra mente y nuestros sentidos para disfrutar y percibir, quizás careciendo de alguna de las formas posibles, aun así, podremos superar con creces nuestras expectativas con ganas de hacerlo y la certeza de que podemos y tenemos derecho a disfrutar plenamente de actividades turísticas, deportivas y culturales.

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